I. El Dharma de la Gran Luz
1. El primer paso es iluminar la mente y ver la naturaleza verdadera. Siéntate en postura de loto (el loto completo es lo ideal, aunque el medio loto o la postura relajada también son válidos), con las manos apoyadas libremente sobre las rodillas, palmas hacia arriba. Visualiza que directamente debajo de tu asiento hay otro tú idéntico (como si estuvieras sentado sobre un espejo), solo que ese tú está sentado con la cabeza hacia abajo. Desarrolla esta visualización con claridad.
2. Una vez establecida la visualización del primer paso, imagina que tu pensamiento penetra de repente en la mente de esa figura inferior, y que tu cuerpo físico real se convierte en una ilusión observada. El observador y lo observado intercambian sus posiciones.
3. En el segundo paso, si la práctica alcanza la realización, en un instante el observador y lo observado se funden en uno solo — ya no existe ni lo observado ni el observador.
El punto de partida de este método de práctica es visualizarse a uno mismo sentado con la cabeza hacia abajo. Esto se aproxima mucho a la postura del ser humano en el vientre materno, lo cual favorece enormemente la transformación fisiológica y además puede prevenir el fenómeno de la emisión seminal involuntaria que algunos hombres experimentan durante la práctica.