3. Tratar correctamente la vida sexual

En todo el proceso de practicar y realizar el Dharma del Buda, salvo que el practicante laico necesite un retiro breve con abstinencia, una vida sexual normal y regular en el resto del tiempo no afecta a nuestra liberación definitiva. Para quien practica en casa, la falta de armonía en la vida sexual es también un foco de conflictos familiares. En el terreno de la verdadera realidad no se posa ni una mota de polvo; en la puerta de las diez mil prácticas no se descarta ni un solo método. En verdad, una vida sexual sana y llena de amor es también una puerta del Dharma para entrar en el camino. Algunos practicantes sienten hastío por la vida sexual: en realidad están tan entregados a la práctica espiritual que su mente no está en el amor físico, y se creen que su mente sí está en el camino. Pero, ¿dónde está el camino? ¡El camino está en este mismo instante! Si eres capaz de entregarte por completo al amor, el amor sexual se convierte en una puerta del Dharma. Amar con entrega total y exclusiva puede purificar y sublimar tus pasiones. La sublimación del deseo hace que el sexo se convierta en la interacción y el intercambio de las dos energías, el yin y el yang. Tú y tu pareja podéis convertiros en una unidad de amor, sin distinción alguna, y entrar en el estado en que no hay yo ni otro.

Si no podemos tomar el amor sexual como una puerta del Dharma para la práctica, es solo porque no somos capaces de amar al otro con entrega total y exclusiva. Solo buscamos poseer y disfrutar de la alegría y la excitación que el otro nos proporciona; esa clase de vida sexual no solo no ayuda a la práctica espiritual, sino que, para el cuerpo, trae más perjuicios que beneficios. En realidad, muchos de nosotros no alcanzamos esa exigencia en el amor sexual. Pero si practicas en casa y a veces no puedes evitar la vida sexual, lo único que puedes hacer es esforzarte, durante el acto sexual, por concentrarte en el amor. Si no consigues sentir pasión, piensa entonces en las virtudes que tu marido, o tu mujer, demuestra habitualmente; piensa en el momento en que más adorable te resulta. Así tu corazón se llenará de amor y no concentrarás tu atención en los órganos sexuales; deja que tu mente se relaje y se llene, en la medida de lo posible, de ternura y de amor, no de agresividad ni de deseos de posesión. De este modo harás que tu cuerpo, tu palabra y tu mente se fundan con los de tu marido o tu mujer: los cuerpos se integran mutuamente el uno en el otro, y en tu mente, aparte del amor, no habrá ninguna idea de sexo. Entonces, en un instante, experimentarás el no-yo y el gozo de sumergirte en un samādhi profundo.

Hubo un tiempo en que rechacé la vida sexual durante mucho tiempo; en el subconsciente creía que eso consumiría mi energía y me haría derramar el elixir. Pero en el proceso posterior de práctica y realización comprendí que la verdadera pérdida es la fuga de la mente. Si en tu corazón aún hay lujuria impura, si al ver a una mujer hermosa todavía te dejas llevar por fantasías, si aún tienes deseos y pasiones, si aún te gusta complacer a las personas del otro sexo que te rodean, si aún anhelas poseer el amor de alguien del otro sexo, si aún deseas que todas las mujeres —o todos los hombres— del mundo te quieran, si aún te gusta crear ambientes cargados de insinuaciones, etc., entonces, aunque no tengas relaciones sexuales (tu mente ya estaría manchada por la lujuria), tu verdadero yin o tu verdadero yang seguirían fugándose, y además con más gravedad que en la fuga del cuerpo. Porque la fuga de la mente es una gran fuga: el ojo, el oído, la nariz, la lengua, el cuerpo y la mente, todos están en fuga; la fuga del cuerpo es una fuga menor. Si no te guardas de la lujuria de la mente y solo atiendes a la conducta, estarás abandonando la raíz por las ramas: estudiar el budismo así es como cocinar arena para hacer gachas. Solo cuando tu mente haya trascendido el deseo sexual y el deseo pasional podrás decir que has agotado de verdad las fugas; y esa trascendencia es la elevación del amor total y exclusivo de un ser corriente al amor universal. El amor total y exclusivo (sin pensamientos ajenos) no se refiere al apego de un amor ciego ni al amor no correspondido: es tu mente entregada por completo a este momento y a este lugar (es decir, vivir en el presente).

Deja un comentario