8. No rechaces ni niegues ninguna vía del Dharma: todas las vías del Dharma son iguales

En cierta ocasión leí una frase: «La Tierra Pura abarca todas las vías del dharma». Como había estudiado bastante la teoría del budismo chan y del budismo esotérico, pensé: qué arrogancia; ¿cómo se puede afirmar algo así? Todas las vías del dharma son iguales; yo recito el nombre del Buda y practico la vía de la Tierra Pura solo para saber en qué se diferencia esta vía del chan y del esotérico. Cuando, con una sola recitación del nombre del Buda, llegué a recitar sin recitar, contemplé a Amitabha entrar por la rueda de mi corazón y, en un instante, me fundí con Amitabha en un solo cuerpo: yo y el Buda no éramos dos ni diferentes. En ese instante comprendí que este mundo era en realidad permanencia, dicha, yo y pureza, y que si el mundo se manifestaba como sufrimiento, origen, cesación y camino era porque nuestra propia mente no estaba pura ni completa. En ese mismo instante comprendí también que la Tierra Pura de «La Tierra Pura abarca todas las vías del dharma» no se refería a la Tierra de la Dicha Suprema, sino a las tierras puras de todos los budas, a la Tierra Pura de la propia naturaleza. Y esto no difiere en nada del esclarecimiento de la mente y la visión de la propia naturaleza del budismo chan, ni de la unificación en cuerpo, palabra y mente con la deidad principal del budismo esotérico: en todos los casos, cuando la propia naturaleza se manifiesta —es decir, cuando uno se halla temporalmente en el estado del Buda—, se comprende la verdad de que uno no nace ni muere y es eterno, y con ello se verifica la tolerancia al no-nacimiento de los dharmas, se transforman las aflicciones en iluminación y la mente mora serena en la Tierra Pura de la propia naturaleza. Por eso el chan, el esotérico y la Tierra Pura pueden considerarse todos vías de realización en este mismo cuerpo.

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